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La música que importa ahora mismo cabe en un local con techo bajo y un cartel escrito a mano.
Hay discos que no se limitan a sonar bien. Organizan una forma de estar en el mundo, de vestirse, de recordar.
Hay bandas que se convierten en estatua. The Cure, contra el pronóstico, ha vuelto a ser un cuerpo vivo.
En una ciudad vertical, alguien sigue apostando por el objeto. El objeto, a cambio, le da una escena.