Ghost in the Shell y el cuerpo que ya no es nuestro
Tres décadas después, la pregunta no es si seremos máquinas. Es si seguiremos siendo alguien.
Revisitar Ghost in the Shell hoy no es un ejercicio de cinéfilo nostálgico. Es mirar un espejo que se adelantó. El cuerpo prostético, la red como océano, la duda sobre dónde empieza el yo: todo eso dejó de ser ciencia ficción para volverse interfaz cotidiana.
¿Cuánto se puede sustituir antes de que el nombre deje de servir?
Lo que Oshii filmó con lluvia y silencio —y lo que Shirow imaginó con una crudeza política— era una pregunta sobre la integridad. No la integridad moral, sino la de la persona: ¿cuánto se puede sustituir antes de que el nombre deje de servir?
En el margen
El cine contemporáneo ha vuelto una y otra vez a esa inquietud, casi siempre con menos elegancia. Nosotros preferimos la versión que no explica, que se queda en el umbral, que entiende que el cuerpo es también un archivo.
Verla otra vez, en una sala o en una pantalla de madrugada, es preguntarse qué parte de nosotros ya está en la red. Y qué parte, con terquedad, se niega.
Ruben
Hola amigos
Sila Romero
La volví a ver esa misma noche. La lluvia de Oshii sigue intacta.
para unirte a la conversación.
El cine que no llega a las salas
Hay una cinematografía paralela que viaja en discos duros y sesiones de una sola noche.